OLIMPIADA 2020. PROTAGONISTA: EL CALOR

Cuando en la tarde del 10 de octubre de 1964 el emperador de Japón, Hirohito, ante unos setenta mil espectadores puestos en pie, declaraba inaugurados los decimoctavos Juegos Olímpicos de la era moderna, el mundo, a través de la televisión, estaba presenciando uno de los momentos cumbres en la historia de Japón. Este país, que apenas veinte años antes había estado sumido en un abismo de desolación y miseria tras su derrota en la segunda guerra mundial, en ese momento, mediante las palabras de amistad de su emperador hacia todos los pueblos y las ocho mil palomas de la paz que surcaban el cielo resplandeciente de otoño, proclamaba al mundo su deseo de reintegrarse en la comunidad de naciones. Ese 10 de octubre marcó también la culminación de años de esfuerzos de toda una nación, decidida a mostrar a propios y extraños su nivel de progreso. Japón había perdido la guerra, pero nadie debía albergar dudas de que había ganado la paz. Los cientos de miles de extranjeros que llegaron a Japón para presenciar los juegos quedaron admirados tanto por su organización perfecta como por la amabilidad de la gente.

Con buen criterio, los organizadores, ante el calor húmedo de julio y agosto, habían decidido celebrar la Olimpiada en el mes de octubre. Cuando hubo que fijar el día de la ceremonia de apertura, se revisaron antiguos datos meteorológicos en búsqueda del día con menos probabilidades de lluvia. Resultó ser el día 10, que afortunadamente caía en un sábado. Ese día, mientras los equipos nacionales marchaban en las pistas del estadio de Yoyogui, la temperatura máxima fue de 20,9 grados. Durante la semana siguiente no subió de los 21.

Los veranos en Japón se caracterizan por una mezcla agobiante –a veces mortífera- de calor y humedad. Entre finales de julio y comienzos de agosto –justo cuando se celebrará la Olimpiada de 2020-, durante los dos últimos años más de 1.000 personas, incluidas más de 150 en Tokio, han muerto por causas relacionadas con el calor. Decenas de miles tuvieron que ser hospitalizadas.

Cuando la Olimpiada vuelva a Tokio en 2020, será sin duda la más calurosa hasta esa fecha y pondrá en peligro a cientos de miles de personas: atletas, espectadores llegados de fuera y no acostumbrados a un calor extremo, trabajadores y voluntarios, un tercio de estos últimos de más de 50 años de edad. ¿A qué se debe su celebración en pleno verano?

En teoría es el COI el que fija las fechas, pero dado que casi tres cuartas partes de sus ingresos provienen de los derechos de difusión, y que el canal de televisión estadounidense NBC contribuye con la mitad de dichos ingresos, NBC ejerce una influencia decisiva en la elección del calendario. Béisbol y fútbol americano acaparan la audiencia televisiva estadounidense en los meses de septiembre y octubre; julio y agosto, por el contrario, son meses apropiados para otros juegos, como los olímpicos.

Después de la Olimpiada de Sidney en 2000, la menos vista en Estados Unidos por su celebración a finales de septiembre, el COI informó a las ciudades candidatas de las fechas obligatorias: entre el 15 de julio y el 31 de agosto, excepto en “circunstancias excepcionales”. ¿No debería haberse tenido el clima como una “circunstancia excepcional”? Tokio no ayudó: “Con muchos días de un tiempo suave y soleado, este período (el ordenado por el COI) provee un clima ideal para que los atletas den lo mejor de sí mismos”, rezaba su propuesta.

El COI, no tomando en consideración la realidad de los veranos en Tokio, cada año más calurosa por el calentamiento global –en la década 2009-2019 la temperatura media en Tokio ha sido superior en dos grados y medio a la década anterior a 1964-, concluyó: “Las condiciones meteorológicas durante el período propuesto (por el COJ) serán razonables”.

Pasada la época de felicitaciones por la elección de Tokio y por la bonanza económica que iba a redundar, especialmente, en las grandes empresas de construcción, la dura realidad, encarnada en el calor bochornoso del verano de 2019, se fue haciendo sentir. La prueba más dura, el maratón, programada para los días 2 (mujeres) y 9 de agosto (hombres) proyectaba imágenes de corredores desfallecidos a medio camino y quizás de ambulancias para salvar vidas. El COJ intentó de algún modo paliar la situación y primero decidió que ambas pruebas comenzaran a las 7 de la mañana (media hora antes del horario previsto inicialmente). Más tarde se adelantó a las 6.

La preocupación por las altas temperaturas y la humedad no quedaba limitada a los participantes humanos: el día 14 de agosto tuvo lugar un ensayo de pruebas ecuestres desde las 8 de la mañana. A las 10 el termómetro marcaba los 30 grados. Dos días después la revista Nikkan Gendai, proclamando en su portada que los caballos podían “caer como moscas”, entrevistaba a un competidor: “Pude sentir la diferencia en la respuesta de mi caballo justo desde el comienzo. Pensando tanto en los jinetes como en los caballos necesitamos adelantar el horario de las pruebas”. Según la Asociación de Carreras de Japón, 41 caballos mostraron síntomas de abatimiento entre junio y septiembre de 2017. “Los caballos pueden desplomarse por el calor –manifestó una fuente familiar con los animales-. Los caballos sementales, en particular, sufren de inflamación de testículos mientras están en las cuadras, y su energía física disminuye. Para enfriarlos tenemos equipos con vaporizadores o con agua…Cuando los caballos vienen a Japón de Europa, en general les dura entre una y tres semanas aclimatarse…A pesar de ello es posible que veamos algunos caballos desplomarse durante las pruebas”.

La revista Weekly Playboy ampliaba la preocupación, en términos muy expresivos, a la calidad del agua en la bahía de Tokio, donde competirán nadadores del triatlón: “agua de letrina”. La revista basaba su crítica en la cancelación el 17 de agosto de una prueba parecida al haberse hallado que el nivel de la bacteria e-coli era más del doble del permitido. Weekly Playboy lamentaba también la escasa visibilidad del agua y su desagradable olor.

La nota positiva eran las alabanzas del COI por los preparativos. Su presidente, Thomas Bach, alabó la proverbial eficiencia nipona manifestando en septiembre de 2019 que Tokio era la ciudad de las Olimpiadas mejor preparada a menos de un año de su comienzo.

Los organizadores están gastando millones de dólares para aliviar las condiciones climáticas, algunas sensatas, otras risibles, a veces una mezcla de las dos. Se pondrán tiendas entre las estaciones de metro y los lugares de las pruebas, con sillas y vapor de agua fría. En las pruebas al exterior, se darán pequeños abanicos, viseras de papel contra el sol y bolsas con hielo. El suelo de la carrera de maratón se pensaba cubrir con un material denominado “Perfect Cool”, compuesto de bolitas de cerámica para reflejar el calor. Medidas todas ellas que se duda den mucho alivio. La cubierta del suelo puede reducir la temperatura en días de bochorno en 10 grados, pero un análisis gubernamental halló que a la altura de la cabeza no había prácticamente ningún enfriamiento.

También se probó en un recinto el lanzamiento de una imitación de nieve, 300 kilos en total. El resultado no fue el esperado: los espectadores, en su mayoría voluntarios, recibieron en lugar de refrescantes copos de nieve, fragmentos de hielo que los dejaron empapados; el suelo, resbaladizo, provocó la caída de un periodista.

Las pruebas de ensayo en el verano 2019 mostraron lo que podía ocurrir un año después: el recorrido de la prueba de carrera femenina de triatlón se redujo a la mitad y en la de hombres un atleta francés tuvo que ser hospitalizado; servicios de emergencia atendieron a varios atletas en balonvolea de playa y regatas.

A estos oscuros presagios se añadieron las escenas muy reales de los Campeonatos Mundiales de Atletismo, celebrados en Doha entre el 27 de septiembre y el 6 de octubre. En el maratón, alrededor del 40% de las mujeres tuvieron que abandonar ante un riesgo potencial para sus vidas. Fue entonces cuando el COI creyó llegado el momento de paliar algunos de los efectos de su errónea decisión de conceder la olimpiada a Tokio en la época más calurosa del año: el día 16 de octubre, sin haber consultado con el Gobierno de Tokio, anunció que algunas de las pruebas más duras, entre ellas la de maratón, se celebrarían en Sapporo, en Hokkaido, una isla norteña, donde las temperaturas son de promedio 5 ó 6 grados más bajas que en Tokio.

La decisión no cayó bien en Tokio. Su gobernadora Yuriko Koike, después de lamentar que no se la hubiera consultado y la desilusión que el cambio a Hokkaido suponía para los residentes locales, hizo una nueva propuesta: adelantar el comienzo del maratón a las 3 de la madrugada. El COI la rechazó alegando problemas de visibilidad no sólo para atletas y espectadores, sino también para el personal médico y los medios informativos, que usan helicópteros para retransmitir tales pruebas.

Nadie del COI ha confesado, por el momento, que la elección fue un error, pero el traslado del maratón, una de las pruebas más emblemáticas, con la que normalmente concluyen los Juegos Olímpicos de verano, es un reconocimiento humillante de su falta de previsión. Por otra parte, una comparación entre las temperaturas máximas de Tokio y Sapporo entre el 28 de julio y el 3 de agosto de 2019 reveló que la diferencia media entre las dos ciudades no superaba los dos grados (sólo un día, el 3 de agosto, la temperatura en Sapporo fue de 4 grados menos, 30 en Sapporo por 34 en Tokio). Teniendo en cuenta que la Asociación de Deportes de Japón avisa que pasados los 31 grados, “con la excepción de casos especiales, los acontecimientos deportivos deberán, en principio, cancelarse”, resalta cada día más, lo admita o no el COI, el error cometido.

La ya citada Olimpiada de octubre de 1964 dejó varios y gratos recuerdos. El momento culminante, por su simbolismo, lo protagonizó un estudiante universitario de 19 años al entrar corriendo con la antorcha olímpica. El público, puesto en pie, permaneció en un silencio reverente mientras el joven, nacido en las afueras de Hiroshima el mismo día de su destrucción por la bomba atómica, daba la vuelta al estadio.

“No queríamos que la gente de Tokio y del extranjero recordaran la Olimpiada por algunas de las escenas que vimos en Doha”, manifestó un dirigente del COI para explicar la decisión de mover el maratón y otras pruebas a Hokkaido.

No sabemos por qué se recordará la Olimpiada de Tokio de 2020, pero el convencimiento de que el calor será su protagonista principal adquiere más fuerza cada día.

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