Una nueva era: Reiwa

El día 1 de abril de 2019, tras un período de considerable expectación, se anunció el nombre de la nueva era: Reiwa. Fue la primera vez en la historia de Japón que el gengo (el nombre de la era imperial) se anunció con antelación a la ascensión al Trono del nuevo emperador, que tuvo lugar el día 1 de mayo. Fue también la primera vez en que los dos kanjis, rei y wa, tenían su origen en la literatura de Japón y no de China.


Esta desviación de la tradición se atribuyó al deseo del primer ministro Abe y de otros miembros de su gabinete de distanciarse de la literatura china, desde hacía siglos la fuente del gengo. Abe, en una conferencia de prensa, manifestó que el nombre de Reiwa deriva del Manyoshu, una colección de poemas del siglo VIII, y simboliza que la cultura surge y se desarrolla con la bella fusión de los corazones del pueblo.


Un editorial del diario conservador Sankei acogía con satisfacción el nuevo nombre: “Tener su propio gengo fue un símbolo de la independencia de la nación. Las dinastías chinas obligaron a los países bajo su égida a continuar usando el gengo chino durante generaciones…La historia del gengo japonés muestra que Japón, cuya figura principal es el emperador, ha mantenido su independencia sin interrupción”.


¿Liberación del pasado? ¿Independencia?


Los dos kanjis usados en Reiwa derivan, en efecto, de un pasaje del Manyoshu, un prólogo a un conjunto de 32 poemas dedicados a las flores. La “declaración de independencia” de la literatura china quedó en entredicho cuando los estudiosos señalaron que el prólogo en cuestión: “En un mes de buen augurio (rei) en el comienzo de la primavera, el viento sopla de un modo pacífico (wa)”, además de estar escrito con la gramática y caracteres chinos, se había inspirado en un poema de Zhang Heng (78-139), un escritor chino muy leído por los intelectuales japoneses de la época en que se escribió el Manyoshu.


La elección de Reiwa y los comentarios subsiguientes, más allá de su dependencia cultural de China y los deseos de emanciparse de ella, reflejan la tensión entre tradición y modernidad que caracteriza a la sociedad japonesa.


La nueva era Reiwa obligó a la burocracia a volver las manillas del reloj al año 1. El gasto ocasionado a las grandes compañías con sistemas digitales complicados fue grande, lo mismo que para el Gobierno, que en sus documentos, como declaración de la renta y registros matrimoniales, usa el calendario gengo. Todos estos inconvenientes han propiciado, en algunos medios, un debate sobre si no sería ya tiempo de usar exclusivamente el calendario gregoriano, ya adoptado por la mayoría de la población a nivel personal y por el Gobierno en sus relaciones con otros países y en la coordinación de acontecimientos internacionales como los próximos Juegos Olímpicos de 2020.


Que Japón sea hoy el único país del mundo con dos calendarios, el gregoriano y el gengo – éste desaparecido no sólo de China, su país de origen, sino también de otros de su entorno cultural como Corea y Vietnam- muestra la fuerza de unas tradiciones que no se limitan al calendario.


Con la abdicación del emperador Akihito y la ascensión al Trono de su hijo Naruhito se puso de relieve de nuevo la crisis existencial que vive la monarquía más antigua del mundo. Además de Naruhito sólo quedan tres miembros en la línea de sucesión: su tío, de 83 años de edad, su hermano menor de 53, y el hijo de éste, de 12 años. A las mujeres no se les permite ascender al Trono y las hijas del emperador deben renunciar a sus títulos imperiales y abandonar oficialmente su familia en el momento de casarse. Ninguno de sus hijos puede estar en la línea sucesoria.


En diferentes encuestas una gran mayoría de la población ha manifestado su acuerdo en cambiar la ley para permitir que las mujeres puedan ocupar el Trono y de este modo, además de acabar con lo que en nuestra época no deja de ser una discriminación por razón de género, facilitar la continuidad de la dinastía. Para ello sería necesario modificar la Ley de la Casa Imperial, y los elementos más conservadores en el Gobierno y Parlamento no están por la labor. Dicha ley rige la línea de sucesión y la mayor parte del protocolo relacionado con la Casa Imperial, un protocolo anclado en tiempos pretéritos y con muy poca relación con el sentir general de la población. Así se criticó que ninguna mujer de la familia imperial, ni incluso la emperatriz Masako, estuviera presente en la ceremonia de la transmisión al nuevo emperador de las insignias sagradas: la espada, la joya y los sellos imperiales, Entre la reducida audiencia de 26 personas que asistieron a este importante rito sólo hubo una mujer, Satsuki Katayama, por formar parte del Gobierno, su única ministra.


El emperador emérito Akihito introdujo unos cambios en la monarquía fundamentales para adaptar la institución a los tiempos modernos. Se casó con una mujer, Michiko, que no pertenecía a la nobleza, y ambos se ocuparon personalmente de la crianza y cuidado de sus hijos. Al lado de su esposa, Akihito inició un contacto con el pueblo, especialmente con las víctimas de los desastres naturales, impensable en el reinado de su padre, el emperador Hirohito. Incluso su abdicación, después de dirigirse a la nación recabando la comprensión y el apoyo que merecía su avanzada edad, fue un acontecimiento sin precedentes en los últimos dos siglos.


Sin precedentes, en el mundo, ha sido también el curso emprendido por Japón en el último siglo y medio para liberarse de su pasado feudal y confuciano. Los hechos mencionados anteriormente muestran que la liberación, al comenzar la era Reiwa, no se ha completado.

(De Japón y su liberación del pasado)

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