El aislamiento que la geografía impuso a Japón, aunque no impidió la comunicación con un gran foco de civilización, China, permitió a sus dirigentes adoptar y adaptar a su gusto y conveniencia cualquier elemento foráneo y mantener aislado al país durante casi dos siglos y medio en la época moderna
La doctrina confuciana, con su énfasis en la autoridad y la división clasista de la sociedad, contribuyó también a mantener al pueblo en un estado de sumisión que sólo se aliviaría con la llegada de los “barcos negros” de Perry en 1853, el final del aislamiento y la Restauración de Meiji en 1868.
La Restauración de Meiji, aprovechando los adelantos occidentales de la época, constituyó el primer paso hacia la modernidad.
El progreso económico y social de la época tuvo en la educación generalizada uno de sus pilares. Esta educación, con el tiempo, dio lugar a un adoctrinamiento en la singularidad de la raza japonesa y en mitos del origen divino de sus emperadores, que, llevado todo ello al extremo por la dictadura militar de los años treinta, sería una de las causas del desastre de la segunda guerra mundial.
Tras su derrota, Japón, contra todo pronóstico, cual nueva ave fénix, resurgió de sus cenizas hasta llegar a ser en la actualidad el país más avanzado de Asia.